22 enero, 2008

Demagogia

Que la política es la excelencia en el uso de la demagogia no es un secreto. Lo que si es digno de análisis es la actitud de los que no vivimos de la política y èsta nos cuesta dinero. Y digo esto porque son nuestros impuestos, fruto de nuestro trabajo, los que sufragan el dispendio y la pésima administración que de ellos hace la clase política, amen de pagarles un sueldo, que dudo se ganasen en cualquier actividad. ¿ Se dedican a la política aquellos que serían incapaces de sobrevivir si tuviesen que trabajar?. Es cierto que algunos tienen ganadas duras y difíciles oposiciones, pero cuando llegan al cargo de turno parece que se les ha olvidado aquello que con gran esfuerzo consiguieron. ¿Será que son conscientes que da igual hacerlo mal?. Saben que cobran lo mismo por trabajar que por dejarse llevar. Si vemos el ejemplo de los dos partidos mayoritarios, encontramos en sus respectivos números dos, Blanco y Acebes, a una pareja de especimenes que deben pensar que los votantes ni sienten ni padecen. Y deben llevar razón, pues sus formaciones reunen a 20.000.000 de votantes. Y no puedo entender que tantos se dejen arrastrar por la demagogia de estos dos individuos. Y sigo sin comprender que les hace a esta cantidad ingente de personas acercarse a una urna a elegir a tipos a los que les importa un bledo lo que nos pueda ocurrir o nuestros problemas. Le preguntas a Blanco por la subida de precios y te contesta que la jerarquía de la Iglesia católica tiene la culpa. Le solicitas a Acebes una opinión a cerca de la corrupción urbanística y te dice que ANV tiene que ser ilegalizada y que la culpa es del pacto de Rodriguez y los nacionalismos radicales.

También es cierto que si miramos a formaciones más pequeñas, la desolación es absoluta. Entiendo que las demás fuerzas parlamentarias apenas tengan representación, pero ¿ tan diferentes son las mayoritarias como para que en masa se les vote?.

Yo lo tengo claro; nadie de los que integran las listas ni sus demagógicas propuestas merecen el esfuerzo que por mi parte supone ir a votar y legitimarlos. Sin mi voto van a salir igual pero yo me quedo tan a gusto. Mi vida no va a cambiar gobierne quien gobierne, así que seguid haciendo demagogia y prometiendo que por ahora os va muy bien.